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domingo, 21 de septiembre de 2008
Día de la primavera
Quiero jugar bien al fútbol. Que mi pierna derecha responda a todo lo que yo le digo, y no estaría de mas que la izquierda también. Que jueguen en equipo, se la pasen entre ellas, la izquierda a la derecha y así gambeteando hasta el arco. Que mis reflejos sean de acero, y poder calcular donde me tengo que poner para que la pelota me caiga justo encima y dar un cabezazo perfecto, limpio, certero. Tener la pelota atada al pie con un doble nudo imaginario. Que me vengan a marcar y seguir como una topadora, pasar 3, 4 jugadoras como si nada pasara. Hacer caños, pero no de suerte, sino porque juego bonito. Ser una barrera, que no me pase nadie, poner la pierna dura como un muñeco de metegol. Ablandarme para salir con un sombrero, una pisada en el momento menos esperado. Hacer paredes, cómo me gustan las paredes, dejarla justo para que la otra se adelante un poco y meta el gol. Bajarla sin esfuerzo, dominarla, dormirla y acomodarla para dar el golpe final, que se transforme en un cohete que por poco rompa la red en un ángulo. Es mi deseo para el día de la primavera. Un día, ¿qué le cuesta?
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